Elizabeth “Lee” Miller no solo fue un ícono de la moda en los años 20 y 30, sino también una de las fotógrafas más audaces del siglo XX. Su legado, tantas veces opacado por su belleza o sus vínculos con artistas como Man Ray y Picasso, ha resurgido con fuerza gracias a una nueva película protagonizada por Kate Winslet. Pero más allá del cine, su historia merece un lugar destacado en la memoria cultural del siglo pasado. Elizabeth “Lee” Miller nació en 1907 en Poughkeepsie, Nueva York, en una familia de clase media. Desde niña fue introducida al mundo de la fotografía por su padre, quien no solo le regaló su primera cámara, sino que también la retrató extensamente, incluso en imágenes desnuda, lo que influyó en su compleja relación con su cuerpo y con la mirada ajena.A los 18 años viajó a París y descubrió el mundo del arte y el pensamiento vanguardista. Poco después, un encuentro casual con Condé Nast la convirtió en una de las modelos favoritas de Vogue, apareciendo en las portadas más prestigiosas.Pero su ambición artística la llevó de regreso a París, donde fue musa, amante y colaboradora del fotógrafo surrealista Man Ray. Allí experimentó con técnicas innovadoras como la solarización y comenzó a forjar su identidad como fotógrafa. En los años 30, Miller abrió su propio estudio en Nueva York, fotografiando moda, retratos y publicidad.Más tarde se casó con el empresario egipcio Aziz Eloui Bey y vivió un tiempo en El Cairo, donde produjo imágenes oníricas del desierto y la arquitectura, cargadas de simbolismo. Sin embargo, su inquietud artística la llevó de nuevo a Europa, donde se unió al círculo de artistas surrealistas como Paul Eluard y Pablo Picasso (quien la retrató en seis pinturas). Fotografía: Lee Meller  Su vida dio un giro radical con la Segunda Guerra Mundial. Se trasladó a Londres con su pareja Roland Penrose y en 1942 obtuvo la acreditación como corresponsal del ejército estadounidense. Desde entonces, su cámara documentó con crudeza bombardeos, batallas, hospitales de campaña, y campos de concentración como Buchenwald y Dachau. Murió en 1977, casi olvidada por el mundo del arte, pero su hijo se encargó de rescatar su legado. Hoy, Lee Miller es reconocida como una de las grandes fotógrafas del siglo XX, no solo por su talento técnico, sino por su valentía para mirar lo que otros no podían, ni querían ver.